Sin rumbo todo se desvanece.
Se agotan, las lloviznas, los
ríos, los mares.
Todo se derrite, como la propia nieve.
Las nubes constantes se detienen,
como las campanas al
llamar a los feligreses.
La mente no se aquieta porque algo quiere,
busca, reflexiona,
escudriña, pero no lo tiene.
Sin rumbo.
Pareciera que la
salida está en el infinito,
en el horizonte más lejano, en el grito más profundo.
El sin rumbo lo elijo
yo, lo elijes tú,
pero algún día las lágrimas, cual aguacero se disiparán.
La duda es efímera porque aparece el celestial, el fiel;
para
convertirte en el mejor cosmonauta de tu vida.
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