Siete razones de vivir, hasta que se apagaron una a una,
Desapareciendo como desaparecen los atardeceres,
Pero todavía quedan encendidas,
las cuatro llamas con aroma a esperanza,
a resurgimiento, a resurrección.
Cuánto daría por escuchar una sola voz dormida,
ver una sola mirada, una sola sonrisa.
Todas mis partes siguen detenidas,
tratando de reanimarlas para continuar erguida.
Me pregunto cómo seguir volando,
cómo nacer cada día,
cómo dejar de temblar,
con mis pensamientos recurrentes de dolor, de tristeza.
Sería programarme posar un día entero bajo la lluvia,
que tenga más valor que mis propias lágrimas
porque jamás se compararían en cantidades.
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